Entonces el diablo le dijo al ludita sonriendo:
"Escucha esto, ludita. La tecnología es una baratija, realmente no es importante. La tecnología es la herramienta, un medio, como el aire que se lleva las voces. Me dices que cambia lo conocido, lo que es verdadero y bonito… También el viento que mueve la arena lo hace… ¿de quién es el viento? Me voy a querellar con su dueño… A mi me gustaba esa duna ahí y no allí… Me dices que la tecnología da ventaja a quién la posee, que da la fuerza que aplasta… También preña de poder purificador la mente del que ansía el trono. El fuego se combate con más fuego; lo nuevo con lo más nuevo. Finalmente, la tecnología siempre sucumbe ante la novedad; ésta que era su fortaleza, es también su punto débil, es así de simple. Convéncete, ludita, es la lucha lo que os destroza, no las armas… Poder. Puro. Nuevo. ¡Ay! La invención humana que traviesa es ella, siempre al servicio del miedo…
Temer al cambio es querer bucear en el hielo, ludita. Pero no te confundas, la tecnología no es la codicia, amigo. No veas esa enemiga en ella. La codicia, esa hambre que no se sacia jamás, vive dentro del ser humano y, sois tantas criaturas y tan escondidas en la muchedumbre… La tecnología hermosamente representa vuestro hermoso final, se intuye potente dentro de ella. Es la hija de la chispa humana. ¡Uy! un incendio. Qué mal, qué mal, pero… Qué calorcito da tan agradable, ¿no crees?… Sí. Eso sí. Estoy completamente de acuerdo contigo. Será vuestro propio verdugo. Esto es poesía. ¿No crees, ludita?
La tecnología simplemente es el espejo dónde el hombre admira su vanidad. Sus artificios inútiles. Óyeme bién, ludita: INÚTILES. Si no te lo puedes llevar contigo al otro barrio, realmente es inútil, le pese a quién le pese… Y esto es algo que parece no entraros en la cabeza… Como muestra un botón… Mira, ludita, atiende… A ver, a ver… Tú, Rockefeller. Sí, sí, tú. Ven aquí, te queremos hacer una pregunta. ¿Qué tres cosas te llevarías a un Más Allá desierto?… Espera, espera, que yo te lo digo, mi querido millonetis. Tú te vas a llevar un mojón enorme que vale por tres ¿te gusta? ¡Es enorme!… ¡¿Cómo, Rockefeller?! ¿Qué no crees en la vida después de la muerte? Vaaale, vaaale… Mira, querido, siendo tal y como eres, es lo mejor que puedes hacer, pero hazme un favor, anda… Deja de darle de comer a ese gordo infame con sotana, que al final no me va a entrar por las puertas del averno. Y te juro que le tengo muchas, muuuchas ganas al gordito. Además, querido egoísta mío, la pringue que mancha tus manos no se lava con nada. Deberías saberlo ya, Rockefeller, mi amado pupilo…"
El ludita, encadenado al reloj de la torre, acabo ciego de tanto mirar al sol. Sus palabras por entonces carecían ya de sentido alguno.
Ludita
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