Archive for Diario de David Sosa

Quinta anotación. Moscas.

abr 14



Huele a muerte por todos lados. Es normal… Muchedumbres con sus carnes putrefactas vagan por ahí emanando hectolitros de fétidos gases a la atmósfera…  Al principio, cuando los vivos éramos mayoría, podías oler a la horda venir a kilómetros de distancia, toneladas de tejido animal licuándose al sol. Poder sentir este olor era una bendición de dios, la verdad… Al menos era algo seguro, la señal clara para comenzar a huir en el sentido contrario al tufo… Pero ahora que los zombis ganan… Ya no hay certezas. Ahora el aire huele a dulce y penetrante descomposición por dónde quiera que voy… Bueno, en realidad ya casi ni los puedo oler. Mi olfato está embotado, acostumbrado a este nauseabundo perfume de muerte. Y estas moscas… Billones de moscas adornan el paisaje. El cielo parece vibrar con sus vuelos, como si estuviese vivo, atomizado en innumerables y nerviosos puntitos negros sobre celeste… Me las imagino a sus anchas desovando en los mamíferos sin vida… Somos las cunas de sus larvas… ¡Malditas moscas! Recorren mi piel a todas horas, en mis ojos, en mi boca… Chupándome… ya ni me las quito de encima… ¿para qué? Son mayoría, hoy por hoy, la especie dominante… Me acuerdo de ver esos niños del tercer mundo por la tele, "¿cómo pueden aguantarlas en la cara?" Me preguntaba… Ahora lo sé, es fácil soportarlas cuando asumes que eres un divertido parque de atracciones para ellas. ¡Diversión a raudales, ja, je, ji, jo, ju! ¡¡Venid!! ¡Venid hijas de la gran puta!… Venid… Me da igual, sois el menor de mis problemas.

Estar en el infierno es muy duro… Sí… El infierno. ¿Qué si no? Los muertos se han levantado. Nada tiene sentido. Sólo miedo, huir sin descanso, sin dormir, sin esperanza… una pesadilla… Y para colmo el viento de levante ha traído este insoportable y bochornoso calor que no da tregua. ¡Ni siquiera ahora de noche! ¡Mierda, qué calor!…  

 

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Cuarta Anotación. Cerebro reptiliano.

abr 5



Estoy harto de huir. Encuentro zombis allá dónde vaya. Estoy cansado de ir dando rodeos, de volver por mis pasos, de esconderme, de correr… Qué pesadilla. Ya no le encuentro sentido a nada. ¿Para qué seguir luchando? La civilización parece muerta. Todo es un caos… Tengo miedo de encontrarme con otras personas. No vale la pena, es difícil no pensar que se tratan de enemigos en potencia: "Un día serás un zombi y te odio por ello". Además, el alma del hombre se ha vuelto tan turbia… ¿Cómo fiarse de este nuevo hombre, más lobo para el hombre que nunca? Sí. La sociedad está rota… La palabra confianza ha dejado de tener significado. ¿Para qué seguir? ¿Para vivir solo? Me gobierna mi instinto, el animal que hay en mi… Sobrevivir… Yo ya no existo. No deseo nada, sólo seguir vivo. Sin anhelos, sin ilusión, sin intención… Sólo vivir.

No me divierte ser un autómata de mis visceras. Es tan duro y tan real… Cuando miro atrás casi ni puedo creer que yo vivía como vivía. Todas las cosas que definían mi existencia han resultado ser prescindibles. Un ñoño decorado rosa. Mis posesiones, mis valores, mis gustos… Sólo lastres, una gran patraña inútil. En las últimas semanas me he visto haciendo cosas terribles… Cosas que nunca me hubiera imaginado poder hacer. Cosas que han disuelto lo humano que me definía. No paro de preguntarme todo el rato quién soy… Pero extrañamente me siento más yo que nunca… Mierda.

 

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Tercera anotación. Otra clase de zombis

mar 31

Hoy he pensado, como otras veces, que esto es lo que se merece la raza humana. Al menos algunos… Esta mañana temprano, mientras huía a marchas forzadas de una oleada de zombis proviniente del norte, llegué a un gran cortijo cercano a Paterna de la Rivera, que un grupo numeroso de supervivientes habían convertido en un improvisado fortín. Me gusta ir solo… Mucho menos problemas, y en esto no soy avaricioso, me bastan los míos propios para ser feliz… Pero como todavía soy humano, y además un humano de esos, más compasivo que cabrón, me vi en la obligación de acercarme, para aconsejarles que comenzarán la huída. Fue entonces que me di cuenta, algo asombrado, que se trataba de una secta… Nunca antes había visto una. Esto es una cosa de esas que te la crees porque sale en la televisión. Todos estaban armados hasta los dientes, vestían amplios blusones de colores, aunque casi todos eran celestes. Una mujer con gafas que vestía uno verde fue la que habló conmigo desde la azotea. La conversación empezó mal: "¿Qué quieres, impuro?", me dijo… ¿Impuro?, ¿cómo se puede ser tan soplapollas?… Antes me hubiera bastado este detalle, para seguir mi camino. Pero una especie de corporativismo humano me hizo seguir con mi empeño de avisarles del inminente peligro. La mujer me escuchó en silencio, luego me dijo que allí estaban bien, que no se marcharían, ya que un tal Carlo les protejería de todo mal. También me dijo que me fuera, que no había sido iniciado y que no me podían dejar entrar. Yo me quedé a cuadros, insistí otra vez, pero era como hablarle a la pared. Me di media vuelta y me fui… No soy la madre de nadie. Sólo lo sentí por los niños que vi allí dentro… Pobres, tan inocentes, tan unidos a los destinos de sus padres…

Veinte minutos después, desde la ladera de la montaña sur que cerraba aquel valle, empecé a escuchar los primeros disparos. Continué la marcha sin mirar atrás, pues esta escena me la sabía ya de memoria. Pero para cuando hube alcanzado la cima, la culpa de no haber hecho más por ellos, me hizo sacar los prismáticos de la mochila con la única esperanza de ver que el ataque de la horda había sido repelido. Pero no. La horda es infalible y poco a poco, los disparos empezaron a mezclarse con aquellos lejanos y terribles gritos que reverberaban en la cuenca del valle como un mal recuerdo. Al rato el cortijo empezó a arder. Como no quedaba más que ver, seguí mi camino bajando apresuradamente la ladera opuesta de la montaña, dejando atrás también aquel terrible remordimiento, que realmente no me pertenecía.

 

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Segunda anotación. Decálogo.

mar 4



Puede que algún día alguien me haga lo que yo mismo le hice a Laura. Puede que luego me registre y lea esto… Puede que los libros todavía puedan servir para algo… Lo dudo mucho, la verdad. De todas maneras voy a escribir todo lo que he aprendido sobre estas criaturas, aunque sea poco. Quizás le sirva a alguién.

Dedicado al que me exterminará:
1. Empiezo por lo que considero más importante. Si ves zombis ¡HUYE! No merece la pena hacerles frente. Tu munición se acabará, mientras que ellos siempre serán más y más… imagino que esto lo sabrás al dedillo, ya que me has sobrevivido.
2. Los zombis atienden a sonidos frecuenciados. El motor de explosión de un vehículo es un reclamo irresistible para un zombi. Tienen un oído sobrehumano. Pueden escuchar un coche desde kilómetros de distacia. A mi me ha ido muy bien como peatón, cosa que no pueden decir los conductores de los numerosos vehículos que he encontrado a mi paso. Además la carretera está impracticable, repleta de obstáculos.
3. Vuelvo a desaconsejar el uso de vehículos, pero si tienes que hacerlo. No abuses, apéate en el primer puesto que consideres seguro y abandónalo con el motor encendido. El ron-ron del coche mantendrá embelesados a algunos por algún tiempo. Algo es algo…
4. El ritmo de tus pasos puede llamar la atención de la horda, sobre todo si vas caminando por adoquines, asfalto, interiores… Camina sin ritmo, descompasadamente. Al principio es extraño pero luego pasa a ser un hábito. Por supuesto usa zapatos con suelas de goma.
5. Cuando te desplaces intenta siempre dominar el campo de visión de tu entorno. Camina por los lugares más elevados posibles. Desde las altura puedes ver lo que te rodea. Además la horda tiende a desplazarse por  las depresiones del terreno. Lo he observado más de una vez desde lejos. Los éxodos masivos de zombis tienen un comportamiento similar al de un río que tiende a la horizontalidad.
6. La luz también atrae a los zombis. Prohibido hacer fuego y encender las luces en las casas. Usa linternas y siempre en interiores. A mi me gustaba mucho esta linterna para la cabeza. Es potente y ligéra. Quédatela si quieres, a mi ya no me sirve.
7. Si vas a registrar un cadáver, decapítalo antes.
8. Desconfía de los supervivientes. Que estemos rodeado de zombis no significa que la gente mala se haya vuelto buena. Ahora son aún más cabrones que antes.
9. Evita las grandes poblaciones. Son grandes ratoneras. Son preferibles las localidades pequeñas ya que es más fácil huir de ellas. Además es posible que encuentres también en éstas, aquello que necesitas o algo que lo sustituya. Usa el ingenio, es muy humano.
10. En el diario de Laura hay también cosas muy interesantes, como por ejemplo lo que dice de los aparatos de radio sin sintonía, aunque todavía no lo he probado… Léetelo, te doy permiso. Laura también te da permiso ¿Acaso tienes algo mejor que hacer? (La parte anterior a la aparición de la horda es muy divertida. Aunque parece ya tan lejano… Un sueño antiguo. Pero es así, es cierto. Vivíamos…)

 

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Primera página. Botín.

mar 2



Hoy le quité a un cadáver este diario. En su primera página pone: "Diario personal de Laura Flores Gutiérrez". Lo leí entero. Las diez últimas páginas las podría haber escrito yo mismo. El caos es igual para todos. A Laura Flores la salvé yo. La decapité con mi espada, es mucho más rápido que liarse a tiros, más discreto también. Espero que alguién haga lo mismo conmigo si me pasa. Me da lo mismo que revienten la cabeza a balazos. Lo que sea, antes que acabar así…

Hoy empiezo mi diario. El diario de David Sosa. Lo empiezo dónde termina el de Laura. Es la misma historia. La de un superviviente.

 

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