Archive for Filosofía en babuchas

Ácaro

nov 12



Filed Under: Filosofía en babuchas

Amor por los muertos vivientes

may 6



Siempre que pienso en zombis, pienso también en la raza humana.

Es curiosa la metamorfosis que ha sufrido el significado de dicho término originario del universo caribeño del vudú. En principio, el zombi no es otra cosa que un esclavo confeccionado con pociones a base de tetrodotoxina (TTX), una toxina que se encuentra en el pez globo y que si se administra en una dosis semiletal, es capaz de crear un estado de muerte aparente durante varios días, en los cuales el sujeto sigue consciente a pesar de todo (wiki). Luego viene el turno del estramonio, un clásico de la brujería; esto coloca que es una barbaridad. Así que el zombi clásico, consiste tan sólo en una persona que dimos por muerta y que un brujo con muy mala pipa, mantiene vuelto de revés a perpetuidad para su propio beneficio. Pero cuando hoy hablamos de zombis, un concepto nuevo se apropia de la palabra (Es lo que tiene la desconsiderada e irreverente cultura pop). El muerto viviente se emancipa del humano, se globaliza en masas, para trabajar a destajo para un nuevo amo: la sed de muerte comunitaria. No sé ustedes, pero yo veo una hermosa fábula en estos entes no vivos. Una especie de parábola que explica el miedo que la humanidad se da a sí misma. En ella, los zombis en realidad somos nosotros mismos, la sociedad moderna. Ese gran rebaño que corre sin saber dónde en estampida, arrasando todo aquello que encuentra a su paso, destruyendo y matando por método. En el otro brazo de la balanza encontramos al superviviente que a duras penas logra mantener izado el pabellón humano en jaque. En éste veo a la especie, o sea al animal, a la modalidad de vida que nos ha tocado vivir. Con estos ingredientes no es extraño que nos atraiga tanto la figura del zombi, ya que en realidad vemos en su historia, al estrepitoso fracaso al que nos está llevando nuestra apuesta evolutiva social. Y en cierta manera, nos reconforta que nos cuenten historias de zombis modernos, ya que así de forma involuntaria, estamos gritando al mundo entero, pero sentados cómodamente en el sofá de casa, que somos conscientes de que somos una vaca corriendo en estampida sin saber dónde, arrasando todo aquello que encuentra a su paso… Y que la culpa, al fin y al cabo, no es tuya, sino de todas esas vacas que vienen empujando desde atrás. Poesía pura.

 

Filed Under: Filosofía en babuchas

Vómito

dic 8



Esta mañana mientras me fumaba el primer pitillo del día, escuché, proviniente del salón, la voz de mi hija que gritaba: "He vomitado aquí". Rapídamente me armé con papel de cocina y me dirigí al salón como un autómata. Los papás y mamás del mundo civilizado le deben mucho al papel absorvente en cualquiera de sus modalidades. Qué despilfarro. La fórmula es sencilla. X = papel de cocina (sustituir X por cualquier sustancia derramada o expulsada por tus hijos que se pueda absorver). Cuando llegué, al lugar de los hechos me encontré a mi hija que jugaba en la mesa junto a su vómito. La niña parecía estar bien, ya que jugaba tranquilamente.  Al acercarme más, se me antojó ver que el vómito hacía un extraño dibujo en el parqué imitación a madera de haya. Era como un pequeño universo líquido estrellado contra el suelo. Ante mis ojos se desplegaba la representación en dos dimensiones del ente celeste en expansión. Como vómito, desde luego, no era gran cosa, pues era pequeño, con escasos y minúsculos trocitos de comida sin masticar, con algunas salpicaduras a su alrededor, casi transparente, pero simpáticamente adornado en su centro con una diminuta mucosa blanca que se disolvía en deshilachadas curvas perfectas.

Entonces pienso que la manera correcta de recoger un universo es volverlo a comprimir en su centro. Y caigo en la cuenta que con el infinito sólo llego a  pensar de dos direcciones, o hacia fuera, o hacia dentro. Luego contemplo el vómito al lado de mi hija. Y veo su boca, de donde salió. Nueva dimensión… Me viene otra dirección posible! Entonces pienso en dios. Mientras divago placenteramente, comprimo el universo hacia su centro para terminar por absorverlo comodamente con mi servilleta de papel de cocina. "Éste bien podría ser el siguiente paso…", pienso para mi.

 

Filed Under: Filosofía en babuchas

Trazados

jul 19



Cuando era pequeño, pero lo suficientemente grande como para elaborar teorías filosóficas sin saber el significado de la palabra filosofía, normalmente volvía del colegío masticando dos pensamientos. Uno era el de ser víctima de un secuestro alienígena, y estar contínuamente observado por seres de otros mundos en una probeta gigantesca, a la cual yo entendía como mi mundo conocido… muy platónico. Me hubiera gustado grabarme en video haciendo las cosas imprevisibles que yo solía hacer en el camino de vuelta a casa, para así dar constancia  a mis guardianes extraterrestres, que yo ya conocía todo el tinglado. "Un chico listo" dirían en marciano.

La otra idea yo la llamaba "La Existencia de las Infinitas Muertes". Esta consistía en pensar que por cada decisión que tomamos, por cada acto, estabamos creando una deribación ramal de nuestro yo, ya que este seguía su camino con otros posibles devenires, fruto de otras decisiones… básicamente pensaba que cada uno de nosotros teníamos infinitos yo conviviendo simultaneamente en infinitas dimensiones, bueno, infinitos yo y dimensiones quizás no, pero si en número que empieza a escaparse del intelecto humano, ya que el crecimiento numérico de las diferentes vidas se producía exponencialmente. Gráficamente esta idea se asemeja a un árbol que alcanza su máxima altura cuando la última de las posibles vidas muere. Mis amigos me miraban raro cuando les decía intentándome explicar, "…en este momento seguro que estoy muriendo en otra dimensión atropellado por un autobús…"

Hoy por hoy, pienso de otra manera muy distinta. Sólo existe una vida, un trayecto predefinido y cerrado de ante mano. Cuando nacemos, somos como una bola de billar lanzada  en una dirección concreta, impactaremos, nos pararemos, seremos empujados, haremos órbitas, seremos repelidos ante la presencia de otras vidas… Recorridos predecibles dentro de un caos calculable, todo lo es. La capacidad de decisión es sólo una ilusión. No decidimos nada. La decisión es el vértigo ante el precipicio del error, el miedo del hombre al desconocido futuro. Simplemente actuamos dependiendo de una experiencia adquirida, el trayecto empírico de nuestra bola. Nuestros ingredientes definen el nombre de nuestra receta. Nuestro pobre pensamiento y nuestro lineal concepto temporal nos ofrecen la sensación de estar delante de algo nuevo en el presente. No creo que exista el presente tampoco. Pero es a lo único a lo que puedo llegar. El hoy es mi cabezal lector de mi vida. Si supiera TODO lo que hay, con unos simples cálculos balísticos, podría saber mi final. Y ya puestos, el tuyo también, indispensable para descubrir el mío es. Pero en verdad os diré, que todo esto me da flojera, también me la trae floja… prefiero dejar estos menesteres a los dioses. Humano sólo soy, y además de poya, también puya. Cada vez con menos punta, pero puya al fin y al cabo. De pelo duro.

Perdonad mis continuas metáforas, las artes plásticas me hicieron así.

Filed Under: Filosofía en babuchas

Pensamiento peligroso

abr 29



No veo mucha diferecia entre una lata de cocacola y una bellota. Me hace mucha gracia la expresión "estamos destruyendo la naturaleza". Hablando de esta manera nos excluímos de un orden de equilibrio muy superior a nuestra pobre comprensión. Quizás el error esté en sentirnos dotados de una inteligencia, que nos separa y distingue del resto de seres y entes de nuestro planeta. Los humanos no somos más diferentes que un mono, un toro, un perro,  o una bacteria… Simplemente estamos encima de la pirámide de las especies; podemos comernos todo lo que compone el resto de tan jerárquica figura geométrica, nos apropiamos de todo solamente por que no lo entendemos. Es el irresponsable poder del depredador racional. Quién es capaz de asegurarme que una ternera, no siente amor a su manada, tiene predilección por la hierba de cierto prado, siente miedo cuando va al matadero… pero claro, no sabe hacer una raíz cuadrada. No conoce las cosas importantes. No queremos o sabemos compadecernos de seres inferiores, y nuestra complicada sociedad ofrece tantos recovecos dónde esconder nuestras conciencias… pero es el precio a pagar por estar arriba.

Me estoy desviando. No veo mucha diferecia entre una lata de cocacola y una bellota. Creemos que por haber producido un objeto, este nos pertenece, ya no es natural. ¿Aplicamos la misma lógica acaso, para el nido de una golondrina, la colmena de las abejas o la presa de un castor? Claro que no. Ellos no saben hacer raíces cuadradas. Esta supuesta separación del orden natural nos preocupa, pero realmente no por la continuidad natural de lo que conocemos. Si no por nuestra propia supervivencia como especie. "Nos estamos cargando la capa de ozono" La autoría de esta afirmación no nos pertenece. La Naturaleza está destruyendo la capa de ozono. Nosotros no somos más que un instrumento natural de cambio, comparable al destructivo impacto de un meteorito en nuestro planeta. Creo que simplemente tenemos miedo. Miedo a sentirnos parte del filo del hacha del verdugo. Para que sirva de consuelo: los peos de las terneras también destruyen el ozono.

 

Filed Under: Filosofía en babuchas